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Estrés

MSc. Pamela Solís S.
Psicóloga Clínica y de la Salud - Delga Clinic
pamela@delgaclinic.com

El estrés es producto de cómo enfrentamos las situaciones de la vida cotidiana; puede entenderse como un patrón de respuestas que emite la persona ante situaciones que considera como una demanda del medio en el que se desenvuelve (Abarca, 2004).

Se divide en dos tipos diferentes: por un lado se encuentra el estrés que requerimos para desarrollar las actividades diarias, este facilita el rendimiento e incrementa la motivación para actuar.

Este tipo de estrés es llamado: euestrés. Por otra parte encontramos la forma de estrés que es una respuesta biológica ante situaciones percibidas como amenazantes y ante las cuales el individuo no tiene los recursos suficientes para poder hacerles frente, a esto se le conoce como: distrés. Según Abarca (2004) la capacidad de enfrentamiento al estrés dependerá de los recursos con los que la persona cuenta, pues su respuesta ante el mismo se podría relacionar con diferentes aspectos como: los hábitos aprendidos, las experiencias previas y la facilidad para relajarse.

El estrés negativo puede generar una serie de consecuencias, por ejemplo problemáticas físicas como: gastritis, colitis, úlceras estomacales, dolores de cabeza, dolores de pecho, alteración del Sistema Inmune dando lugar a otras enfermedades. También puede producir problemáticas emocionales como: depresión, ansiedad, enojo, autocompasión, compulsiones (ejemplo, comer de manera descontrolada), abuso de sustancias como el alcohol, el cigarrillo y otras drogas.

A nivel interpersonal el estrés también puede causar dificultades en el hogar y en el ámbito laboral.

Técnicas para el manejo del estrés:

1. Haga ejercicio físico

El ejercicio físico realizado de manera planificada, supervisada, controlada, dirigida puede redundar en un mejoramiento tanto de la salud física como mental y por ende en un mayor bienestar general de las personas que lo practiquen (Buceta, Gutierrez, Castejón y Bueno, 1996). Al mismo tiempo la realización de alguna actividad física trae efectos psicológicos positivos, por tanto, se pueden aliviar estados de ánimo desfavorables, se pueden mejorar niveles de estrés, la depresión. Además se promueve la autoconfianza y la autoestima y se da un fortalecimiento de la autoeficacia.

2. Tenga un buen patrón de sueño

El sueño constituye una desactivación fisiológica y cognitiva que permiten reparar el cansancio producido durante el tiempo de vigilia (cuando nos encontramos despiertos). Comúnmente los trastornos del sueño se asocian con problemas psicológicos como ansiedad, depresión, estrés, entre otros. Una buena calidad del sueño es un factor determinante de bienestar y calidad de vida.

3. Realice actividades de ocio

La realización de intereses personales (por ejemplo, pasatiempos como pintar, sembrar, tocar algún instrumento musical, escribir, leer, entre otros) disminuye los niveles de estrés que las personas puedan manejar en su cotidianidad, promoviéndose así la salud mental y física.

4. Practique la respiración profunda y la relajación

El término relajarse hace referencia casi exclusivamente a lo orgánico, pues se ha considerado que hay presencia de la relajación cuando los músculos del cuerpo están libres de tensión. Sin embargo se ha logrado determinar que uno de los componentes que permite que la relajación fisiológica se dé es el componente mental, pues Vila y Vera (1998, citados por Abarca, 2004) han considerado que para que el organismo alcance un estado de relajación se requiere de una mezcla de: lo subjetivo, lo fisiológico, lo conductual y lo motor como vías de interrelación e influencia. Dentro del concepto de relajación se pueden encontrar diferentes tipos de técnicas, como por ejemplo: la relajación autógena, la progresiva y la pasiva. El entrenamiento en relajación es además una estrategia de gran utilidad en el control de la ansiedad, de las preocupaciones, los miedos y el dolor. Con el apoyo de estas técnicas se busca que las personas logren generar una mayor autoeficacia para de este modo poder controlar más el o los problemas que se les presenten. Es trascendental indicar que previo al entrenamiento en técnicas de relajación es fundamental efectuar un entrenamiento en respiración, esto con el propósito de que los sujetos puedan ir, por aproximaciones sucesivas, acercándose a estados más profundos de relajación. Resulta fundamental para potenciar el bienestar que las personas alcancen tener una respiración controlada, siendo esta muchas veces afectada por situaciones de tensión o miedo, volviéndose mucho más forzada.

Referencias bibliográficas consultadas:
1. Abarca, K. (2004). Manual cognitivo conductual emocional para facilitar la adherencia al tratamiento en personas con diabetes mellitus tipo 2: guía para profesionales en psicología.
Tesis para optar por el grado de Licenciatura en Psicología, Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica.
2. Buceta, J.M., Gutiérrez, F., Castejón, F. y Bueno, A.M. (1996).
Tratamiento psicológico del comportamiento sedentario. En: J.M. Buceta y Bueno, A.M. Tratamiento psicológico de hábitos y enfermedades.
Madrid, España. Ediciones Pirámide, S.A.

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